martes, 16 de diciembre de 2008

Si es música para tus oídos, es música para tu corazón

Científicos del Centro Médico de la Universidad de Maryland han demostrado que escuchar música puede beneficiar al sistema cardiovascular tanto como hacer ejercicio o tomar ciertos medicamentos.



Para llegar a esta conclusión, el director de cardiología preventiva Michael Miller, pidió a una decena de estudiantes no fumadores que escuchara su música preferida. A continuación les hizo escuchar otros tres tipos de sonido para comparar sus efectos sobre el sistema vascular: música estresante, sonidos para relajación y melodías usadas en risoterapia.

Analizando la respuesta con ultrasonidos, Miller y sus compañeros comprobaron que el diámetro de los vasos sanguíneos, medido en la parte alta del brazo, aumentaba un 26% con la música favorita de cada sujeto. En contraste, la música calificada como estresante hizo que los vasos se contrajeran un 6%. Con las canciones que invitaban a la risa, los vasos sanguíneos se dilataron un 19%, mientras que la música relajante produjo una expansión del 11%.

Los resultados, dice Miller, “no implican que debamos dejar de recetar estatinas o recomendar el ejercicio físico, pero sí que deberíamos incorporar la música a los programas de salud cardiovascular”.

Entendiendo el déjà vu

¿Quién no ha tenido alguna vez la inquietante sensación de estar repitiendo una experiencia ya vivida, a pesar de que en realidad es totalmente nueva? Este fenómeno, bautizado por Emile Boirac como déjà vu (“ya visto” en francés) hace más de un siglo, ha despertado la curiosidad de centenares de científicos a lo largo de la historia. Ahora la psicóloga Anne M. Cleary acaba de encontrar una relación entre el déjà vu y el funcionamiento de nuestra memoria de reconocimiento, la parte de la memoria que se pone en marcha cuando reconocemos a un amigo en la calle o escuchamos una canción conocida.

Según explica hoy Cleary en la revista Psychological Science, existen dos tipos de memoria de reconocimiento: la recolección y la familiaridad. La primera interviene cuando, por ejemplo, reconocemos a una persona en una tienda y recordamos haberla visto antes en el autobús. La familiaridad sucede cuando una situación “nos suena” pero no recordamos en qué momento anterior sucedió.

Para poner a prueba el funcionamiento de esta última, Cleary llevó a cabo una serie de experimentos en los que los participantes debían estudiar una lista aleatoria de palabras. A continuación eran sometidos a un test de reconocimiento donde había palabras que ya habían estudiado, palabras nuevas y otras muy similares en sonido a las aprendidas en la fase inicial. Sorprendentemente, todos los encuestados experimentaban una sensación de familiaridad con estas últimas palabras. Según Cleary, esto sugiere sugieren que nuestro cerebro almacena las experiencias en fragmentos o piezas dispersas. Y que el déjà vu se produce cuando algunos detalles de la situación actual se parecen a ciertos aspectos de una vivencia previa. Por ejemplo, cuando las formas de una calle se parecen a otra por la que hemos paseado. O cuando el timbre de voz de un desconocido que nos habla es similar a otro que escuchamos anteriormente.

En otras palabras, en el déjà vu solapamos lo nuevo y lo pasado hasta el punto de creer que toda una experiencia se repite, pero sin que el recuerdo de un momento concreto nos venga a la mente.

Todavía no está todo inventado…

Desde el año 2003 cientos de estudiantes de diseño industrial de todo el mundo participan en el concurso Electrolux Design Laboratory. Este año la ciudad elegida para la sexta edición ha sido Zurich, en Suiza.

Electrolux es uno de los líderes mundiales en la fabricación de electrodomésticos y aparatos de uso profesional y se nutre gracias a este concurso de ideas frescas y atrevidas. La temática varía según la edición y la de este año ha sido la “Cibergeneración”, es decir, ésta en las que vivimos desde que el ordenador se ha convertido en nuestra principal compañía. Los candidatos seleccionados pertenecen a dicha generación y reflejan claramente las principales inquietudes que la caracterizan: la movilidad, la comodidad, la falta de tiempo, la personalización de los productos, la independencia, la tecnología y la preocupación por el medio ambiente.

Durante una espectacular gala a la que acudieron medios de todo el mundo, los tres ganadores recibieron su premio. El primero, consistente en 5000 euros y una beca de seis meses en uno de los centros de diseño del Grupo Electrolux, recayó sobre el austriaco Stefan Buchberger, inventor del frigorífico “Flatshare”. Esta práctica nevera, dividida en bloques independientes a modo de cajones que se encajan como si de un puzzle gigante se tratara, es la solución a las infinitas discusiones en los pisos compartidos. Los módulos permiten a cada usuario tener su propio espacio y personalizarlo con diferentes colores; además, “si te mudas de piso, puedes llevar tu módulo como si fuera una maleta y engancharlo al soporte base en tu nuevo piso”, explica su creador.

Buchberger tuvo que subir al escenario en tres ocasiones a lo largo de la velada, porque antes de ganar el premio principal arrasó también entre los votantes de Internet y la prensa. Por eso, cuando finalmente recibió el cheque y el galardón, se quedó sin palabras y entre risitas nerviosas y ojos incrédulos dio las gracias en alemán, su lengua natal, explicando que estaba tan emocionado que se le había olvidado el inglés.

El segundo mejor proyecto resultó ser “Ibasket”, una canasta para la ropa que cuando está llena la lava automáticamente y avisa al usuario por mail o mensaje cuando ha terminado. Su creador, el chino Guopeng Lliang, recibió 3000 euros.

Por último, se entregó un tercer premio de 2000 euros a “Coox”, una mesa de cocina con vitrocerámica y base de ruedas que permite al usuario cocinar y comer en cualquier rincón de la casa. Sin duda, la flexibilidad es la principal ventaja de este producto, y así los valoraron los jueces. “Es sencillo y útil”, explica su inventor, el francés Antoine Lebrun.

El resto de inventos son también cuando menos creativos. En días como hoy, en que parece estar todo inventado, nos han sorprendido con ideas tan originales como sillas que desinfectan la ropa y eliminan los malos olores, bolsas que enfrían alimentos gracias a la energía cinética que produce el balanceo de nuestra mano al caminar, y tostadores que escanean fotos y noticias en el pan para hacer el desayuno algo más divertido.

Energía y calefacción con huesos de aceituna

Los huesos de aceituna podrían dejar de ser un producto de desecho gracias al trabajo de científicos de Jaén y Granada que han desarrollado un método para obtener biocombustible a partir de los carozos. Los detalles se publican hoy en la revista internacional Journal of Chemical Technology & Biotechnology.

En total, los investigadores estiman que a partir de cada 100 kilogramos de carozos de aceitunas se pueden obtener 5,7 kilogramos de etanol. La cifra es considerable si tenemos en cuenta que cada año se desechan cerca de tres millones de toneladas de estos huesos en España.

Esta no es la primera vez que se plantea usar los restos de la aceituna para obtener energía. Por ejemplo, en el Hotel & SPA Sierra de Cazorla, en Jaén, hace un año que sustituyeron el gasoil y el gas natural de todas sus calderas de calefacción por huesos de aceituna, que tienen un poder calorífico de 4.700 kW/h por kilogramo. Otros hoteles se están sumando a la iniciativa, ya que supone reducir un 80% sus emisiones de dióxido de carbono. Y a nivel doméstico hay varios centenares de hogares en España que utilizan esta forma de biomasa para la calefacción y el agua caliente, ahorrando hasta un 70% de sus facturas.

Corazones a prueba de rupturas

Biotiritas para corazones partidos. Eso es lo que acaban de obtener Lisa E. Freed y sus compañeros del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT). Para conseguirlo, los investigadores han creado una malla de celdas, similar a un panal de abejas, que imita casi a la perfección las características estructurales del tejido muscular cardíaco y sirve de soporte para el crecimiento de nuevas células. De esta forma es posible fabricar un parche “vivo” listo para ser implantado en un corazón con daños congénitos o lesionado a causa de un infarto. Y dado que la malla está formada por un polímero biodegradable, puede ser absorbida gradualmente por el organismo hasta dejar solamente el nuevo tejido sano.


No es la única ventaja del nuevo bioparche. Según explica hoy Lisa Freed en la revista Nature Materials, es la primera vez que se consigue que las células cultivadas en el laboratorio se contraigan igual que las del corazón, es decir, en una dirección específica.

Además, Freed ha anunciado que éste avance supone sólo un primer paso para la ingeniería de tejidos. Su objetivo a largo plazo es desarrollar una biblioteca completa de soportes biodegradables que permitan reparar cualquier tejido humano.



Los coches con “cara de enfado” venden más

Debido al fenómeno conocido como pareidolia, cuando miramos un coche de frente identificamos unos ojos que nos miran (los faros) e incluso nariz, boca y otros rasgos faciales. Una reciente investigación desarrollada en Viena revela que no es sólo un efecto curioso de nuestro cerebro, sino que puede afectar a nuestra decisión a la hora de adquirir un nuevo vehículo.

En un experimento con 20 hombres y 20 mujeres, Truls Thorstensen, de la empresa EFS Consulting, y la antropóloga Sonja Windhager han comprobado que la mayoría de la gente escoge los coches "con cara enojada" frente a aquellos que ofrecen un "aspecto sonriente". Esto se traduce en una preferencia por vehículos más anchos y bajos, con faros delanteros angulosos y una entrada de aire alargada. Los menos valorados son los vehículos que “parecen disgustados o tristes”.

Thorstensen ha anunciado que su siguiente objetivo es repetir el experimento con individuos etíopes que no conocen los vehículos y, por lo tanto, no tienen los mismos prejuicios culturales ni han sido influídos por la publicidad. Además, recurrirá a técnicas de neuroimagen para averiguar qué pasa por nuestra mente cuando identificamos un rostro en un objeto inanimado e interpretamos sus "emociones".

Las mejores imágenes microscópicas del año según Nikon

Desde hace más de tres décadas, Nikon convoca cada año el concurso de fotografía microscópica Small World, al que concurren algunas de las mejores fotos realizadas por los científicos con la ayuda de microscopios óptico, electrónicos, electrónicos de barrido, de fluorescencia o de luz polarizada, entre otros.


En la última edición, cuyo veredicto acaba de darse a conocer, el primer premio ha sido concedido a la imagen a todo color de una diatomea (alga microscópica) tomada por el británico Michael Stringer en Two Three Island, donde lleva unos años estudiando recopilando muestras de estos bellos protistas. El segundo puesto le ha correspondido a una foto de nanotubos de carbono formando una original estructura esférica. Su autor, el canadiense Paul Marshall, confiesa que la utilizó como portada de una postal navideña para felicitar a sus estudiantes.


La galería completa de finalistas, menciones honoríficas y otras imágenes distinguidas por el jurado puede visitarse aquí.




Arriba, izquierda: Michael Stringer, diatomeas, primer premio del jurado. Arriba, derecha: Paul Marshall, nanotubos de carbono, segundo premio del jurado. Abajo, izquierda: Tomás Pais de Azevedo (Portugal), embrión de pollo, primer premio del público. Abajo, derecha: Mónica Pons (Institut de Biologia Molecular de Barcelona), raíz de Arabidopsis Thaliana. Es la única finalista española.